Después de varios años trabajando con plantillas de kalashnikovs sobre papel de revista o periódico (ahondando en cuestiones políticas, gastronómicas, deportivas o reencuadrando famosas escenas de obras de arte), el artista sale de su taller con la intención de experimentar con las técnicas de la pintura rupestre. Esta serie de fotografías documentan el nuevo emplazamiento que Marquès ofreció a sus armas realizadas, en esta ocasión, con barro y pigmentos naturales; dejando sobre las rocas de un bosque francés la silueta del arma de fuego más utilizada de la historia.

Aina Mercader Sbert